LA ATOMIZACIÓN DE LA IGLESIA

Cuando observamos el panorama del cristianismo protestante actual, encontramos una realidad difícil de ignorar: la existencia de cientos, e incluso miles, de denominaciones distintas. Bautistas, presbiterianos, metodistas, pentecostales, cuáqueros y muchas otras corrientes conviven bajo el nombre común de cristianos protestantes o evangélicos, pero sostienen interpretaciones diferentes sobre doctrinas, gobierno eclesiástico y prácticas de fe.

Esta situación plantea una pregunta importante: ¿era ésta la visión que tenía el Señor Yahshúao para Su Iglesia? Se refería él a esta iglesia pulverizada cuando dijo: sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

En el Nuevo Testamento encontramos un énfasis constante en la unidad. Yahshúa oró al Padre diciendo: "Que todos sean uno". El apóstol Pablo escribió que hay "un solo cuerpo, un solo Espíritu, una sola fe y un solo bautismo". La Iglesia fue presentada como un cuerpo unido cuya cabeza es Cristo, no como una colección de organizaciones independientes con doctrinas divergentes.

La atomización denominacional puede verse como el resultado de siglos de divisiones, debates doctrinales y reformas sucesivas. Aunque muchas de estas corrientes surgieron buscando restaurar aspectos que consideraban olvidados o corrompidos, el resultado final fue una creciente fragmentación visible del pueblo cristiano.

Esto no significa que todos los creyentes de diferentes denominaciones estén separados de Dios, pero sí invita a reflexionar sobre si la multiplicación de nombres, estructuras y doctrinas refleja verdaderamente el modelo apostólico descrito en las Escrituras.

Quizá el desafío para nuestro tiempo no sea defender una denominación más, sino volver a buscar la unidad que el Ungido pidió para sus discípulos: una Iglesia edificada sobre la verdad, guiada por el Espíritu Santo y sometida únicamente al señorío de Yahshúa. 

Es por esto que la iglesia protestante no representa a la verdadera iglesia del Señor. En el primer siglo, cuando se fundó la iglesia, no había atomización sino que se hablaba de úna única iglesia.  No habían nombres que reflejasen puntos de vista diferentes, sino que la doctrina era única. 

Hpy día la doctrina se refleja en el nombre de la denominación y el creyente no se va por una iglesia porque haya encontrado al Señor en ella, sino porque halló "la palabra de poder", una forma de idolatría, que acompaña a la iglesiaprotestante moderna.  

Usted amigo que está buscando una iglesia donde congregarrse, no la busqué por una doctrina, o por una denominación, sino váyase por aquella que predique el evamgelio de la verdad, Esta es la única guía.  


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