PRIMER LIBRO DE ENOC CAPÍTULO OCHENTA Y CUATRO

En este hermoso capítulo Enoc reacciona atemorizado después de haber contado su visión, la cual mostramos en el capítulo previo. Enoc suplica a Dios para que no corte a sus hijos, y les de vida y considere que aunque la carne es la causa de su ira, su misericordia puede hacer que quede salvación sobre la tierra.

Escuchemos a Enoc


Capítulo 84

Levanté mis manos en justicia y bendije al Santo y al grande, y hablé con el aliento de mi boca y con la lengua de carne, que Dios ha hecho para los hijos de carne del hombre, para que la utilicen al hablar, y les ha dado un aliento, una lengua y una boca para que hablen con ellas.

Bendito seas, oh Señor, Rey grande y poderoso en tu grandeza, Rey de reyes, Señor de todo el universo. Tu poder, reinado y grandeza permanecen para siempre; tu dominio por todas las generaciones; los cielos son tu trono eterno, y la tierra el escabel de tus pies por los siglos de los siglos.

Porque eres tú quien ha creado y quien gobierna todas las cosas, no hay obra que sea difícil para ti; la sabiduría no se aleja de tu trono ni se va de tu presencia; Tú sabes, ves y oyes todas las cosas, nada está oculto para ti, porque todo lo ves.

Ahora los ángeles del cielo son reos de pecado, y sobre la carne del hombre recae tu cólera, hasta el gran día del juicio.

Ahora oh Dios, Señor y gran Rey, imploro y suplico que aceptes mi oración, que me dejes una descendencia sobre la tierra, que no aniquiles toda carne humana, que no vacíes la tierra y que la destrucción no sea eterna.

Ahora pues, oh Señor, extermina de la tierra la carne que ha despertado tu cólera, pero la carne de justicia y rectitud, establécela como una planta de semilla eterna, y no ocultes tu rostro de la oración de tu siervo, ¡Oh Señor!.

 

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